9 jun 2020
29 may 2020
Monólogo CORDELIAS
Aprovechando que estamos encerrados con el confinamiento, os dejo el monólogo que he interpretado de Mía Zafra en Cordelias, premio Goya al mejor cortometraje de ficción en 2014, realizado por Gracia Querejeta.
Cordelias cuenta la historia de diez presas que, condenadas por diferentes delitos, organizan una obra de teatro con ayuda de la directora (Arantxa Aranguren). Aunque la obra sirve de terapia para sus propias frustraciones, entre ellas surgirán enfrentamientos personales que sacarán a relucir sus traumas más profundos.
Mía Zafra interpreta a Alba, un tierno personaje que no sabe decir que no, al parecer, por miedo a herir sentimientos en la otra persona. Imaginaos las consecuencias que ésto conlleva... De alguna manera, he elegido este monólogo porque me parecía un tema importante a la hora de tomar nuestras propias decisiones, ya que nadie puede obligarnos a hacer algo que no queremos.
Podéis verlo también en mi perfil de Instagram TV: @pjaraquides
17 may 2020
ALL OVER AGAIN - DOMINIK KLEIN VIDEOCLIP
Ya podéis ver ALL OVER AGAIN, el videoclip del cantante alemán Dominik Klein en el que aparezco junto con más personas del mundo. Es un proyecto que creamos para animar, con la música, a todo el mundo durante la cuarentena.
All Over Again es el cuarto single de Dominik Klein, el Justin Bieber alemán, como ya lo llaman sus fans. El joven intérprete cuenta con más de 130.000 seguidores en Instagram, más de 45.000 en Spotify, 91.100 en YouTube y más de 15.000 followers en Twitter.
Gracias a Dominik por esta oportunidad... ¡y que suene la música!
15 may 2020
2 may 2020
Nacimiento de Arlequino
¿Alguna
vez os habéis preguntado cuántas veces pisamos el suelo al día? ¿De qué forma y
cómo lo pisamos? Las baldosas también sienten. No pueden quejarse como un ser
humano, pero sí manifiestan cambios físicos, tales como grietas, manchas, polvo
acumulado y, sobre todo, pisotones diarios. Unos con más fuerza; otros más
leves y, ¡hasta tienen que aguantar saltos y carreras de niños!
Aquel
suelo de baldosas de rombos lo sufría día tras día: golpes de balones,
estornudos, vómitos, chicles pegados a su dura piel, tacones hincándose por lo
más profundo de sus baldosas, ropa con mal olor, juguetes desparramados, pelo
de mascotas y muchas, muchas cosas más… hasta el día en que la casa se derrumbó
por completo a raíz de una guerra.
Las
baldosas volaron por los aires, dejando un espeso polvo blanco a su alrededor.
Éste, a su vez, fue creando una forma esbelta y delgada hasta convertirse en un
ser de tez blanca con piernas, brazos y cabeza. Parecía un humano pintado con
pintura del color de la nieve. Se reincorporó ágilmente, de un salto, casi sin
esfuerzo. Comenzó a tiritar de frío. Rebuscó de entre los escombros –sus
escombros romboidales- y cosió las baldosas-rombo a su cuerpo, consiguiendo su
primer traje. Así fue como nació Arlequino.
Abrió
mucho los ojos al verse tan diferente y, de un salto, salió a la calle, donde
encontró un gorro puntiagudo con algunos cascabeles. Todo le parecía diferente
ahora; incluso el escenario de guerra cambió por otro donde las calles
desprendían un olor a especias y dulces de todo tipo y estaban repletas de
gente con puestos de mercados medievales.
Los vendedores y algunos tipos que
deambulaban por los puestos vestían túnicas o trajes de harapos, parecidos
ahora al suyo: el traje de rombos estaba descosido pero, aún así, Arlequino lo
llevaba con mucha alegría y vitalidad, sin importarle a qué clase pertenecía en
aquel nuevo lugar. Por eso iba haciendo imitaciones burlescas de la gente que
se encontraba por su camino, pues su traje era el mejor que todos; no había
ninguno igual que el suyo, es más, se reía de todos porque su traje era de
colorines, destacando por encima del de los demás. Otras veces, en cambio,
cambiaba su rostro al de un tipo triste para dar pena y conseguir, así, algo
que llevarse a la boca. Como no le funcionaba el plan, su semblante cambió al
de un ser serio y observador, creando la desconfianza de los otros habitantes.
A Arlequino le gustaba ser el centro de atención, así que, demostró sus habilidades acróbatas por toda la plaza, haciendo piruetas, saltos, volteretas y malabares con un par de manzanas. De esta manera, el gracioso personaje se ganó la confianza del mismísimo rey, quien lo contrató para trabajar de bufón en su palacio, ganándose el respeto del público.
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